La otra botarga: ¡Libertad a Mario Luna, voz de la tribu yaqui!


MOVER UN RIO POSTER esp

Por: Enriqueta Lerma

¿Quién es Mario Luna? Más allá de hablar de un padre de familia, esposo y compañero ejemplar de la tribu yaqui, habría que describir a Luna como un hombre comprometido con su pueblo. No es un líder. No al modo de los líderes que alguna vez tuvieron los yoeme: Muni, Juan Banderas, Cajeme, Tetabiate o Sibaulame. Mario Luna es un Secretario: presta su persona para hablar por los suyos. El cargo de secretario es el que cuenta con menos prestigio en la estructura jerarquica del gobierno tradicional yaqui.

Después del kobanao (el gobernador), quien es la voz principal en las asambleas de la tribu, el jabo’iyo’owe, conocido también como “pueblo mayor”, tiene derecho a la palabra, ya que representa al consejo de ancianos de los viejos gobernadores. El wiko’ o ya’ut, a veces llamado “coyote”, interviene en tercer lugar, ya que su responsabilidad es cuidar el territorio. El cuarto de los gobernadores, el nejja ya’ut, casi nunca habla: actúa, ya que funge un papel judicial, vigila el territorio y ejecuta disposiciones para restablecer el orden civil. Al final está el ji’ojtereo: el secretario, “el Mario Luna”, quien no tiene poder de decisión.

Metaforicamente para los yaquis el territorio es un nido: toosa le llaman. Su dirigente principal es el “el kobanoa”: la cabeza del pájaro que lo habita; al pueblo -la asamablea comuniaria- le nombran masam u tea: las alas del pájaro. El pueblo yaqui se ve a sí mismo como una unidad: cuerpo-cabeza-alas que se articulan en la imagen de un pájaro, un cuerpo que decide y actúa de forma conjunta, en éste el secretario no tiene metáfora. El secretario no tiene historia tradicional, es un cargo que se tuvo que “inventar” para poder hablar con los yoris, con los “blancos”. Y durante mucho tiempo su función no fue relevante: se requería alguien joven que supiera leer y escribir bien, que tuviera el vigor para aguantar el ir y volver de las oficinas de gobierno estatal y federal. Alguien que llevara y trajera las noticias de los acuerdos con el exterior. De modo que el secretario era marginal.

Antes de Mario el secretario fue brevemente Anselmo Flores Buitimea, pero se retiró porque pensó que no podría con el paquete. Muchos habían renunciado antes, así que cuando Mario Luna tomó el cargo lo hizo con gusto, pero también con la sospecha de que este sería una carga pesada. Mario hizo el juramento yaqui una mañana polvosa bajo el techambre de la guardia tradicional. Juró separarse de todo si era necesario: de esposa, hijos, amigos, familia, frío, sueño, hambre, dolor, profesión, anhelos personales. Sería el secretario: el más joven y el más insignificante en el gobierno, pero el que corría con mayor peligro por tener que relacionarse con los yoris, “los fieros”. Y así fue como Mario se integró a la resistencia: impulsó en el territorio yaqui, al lado del Congreso Nacional Indígena, el Primer Encuentro de los Pueblos Indígenas en 2007, organizó el Primer Foro en Defensa del Agua en 2010; el Segundo Foro Internacional del Agua en 2012 y se unió a las protestas acordadas en la asembleas yaquis. De modo que Mario estuvo siempre presente en los cierres carreteros que los yaquis impulsaron como medida de presión para exigir el repeto y ejecución de las resoluciones jurídicas, mismas que ganaron, una a una, en juzgados locales, estatales y hasta en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Mario Luna es la voz de los yaquis que se oponen a la construcción del Acueducto Independencia, es quien muestra a través de su rostro y dice a través de su voz las expresiones de coraje, indignación e injusticia que resienten los yaquis contra un sistema que los ha marginado. Es la voz de denuncia de la desertificiación del territorio yaqui y quien aclama desde ese desierto por el reparto justo del agua para una sociedad que prefiere la agricultura.

En todo el proceso, sin embargo, y aún con todo el carisma que tiene, Mario Luna no habló nunca por sí mismo, tenía dentro de sí las voces de las alas del pájaro, la cabeza del gobernador, en el corazón la defensa del nido que protege a los suyos. Mario no es un líder: es una botarga. Eso del dije cuando veíamos, debajo de la lluvia en La Realidad, el adios de la Botarga de los zapatistas. “Es como tú” dije, y se reía.

Mario tiena la culpa de una sola cosa: de haber cumplido como se lo exigió su pueblo. Y su pueblo sólo tiene una demanda: luchar por el agua para evitar el etnocidio al que el gobierno de Sonora les ha condenado.

La detención de Mario Luna, el Secretario, es la continuidad de un Estado insensible a la voluntad política de los pueblos, que atenta contra la autonomía otorgada a la tribu yaqui en 1937 y que busca acabar con los territorios indígenas. Un gobierno que con tanta corruptela en sus organos representativos de gobierno no soporta que un simple secretario le muestre como se representa obedeciendo.

 

 

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One response to “La otra botarga: ¡Libertad a Mario Luna, voz de la tribu yaqui!

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